El potente movimiento telúrico provocó el colapso de estructuras en provincias centrales, la suspensión temporal del metro y del aeropuerto de Tocumen
Un potente movimiento sísmico de magnitud 7,7 sacudió este viernes una amplia franja del territorio panameño, sembrando la alarma entre la población y provocando daños materiales en diversas provincias del país, además de sentirse con notable intensidad en localidades limítrofes de Costa Rica y Colombia. De acuerdo con los registros analizados por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el epicentro se localizó a diez kilómetros de profundidad en las inmediaciones de la comunidad rural de La Pitaloza, en el sector sur costero del Pacífico y a unos 239 kilómetros de la capital panameña. Aunque el evento telúrico activó en primera instancia una alerta por eventuales olas de tsunami para nueve naciones ribereñas del océano Pacífico, el organismo estadounidense canceló la advertencia tras constatar con boyas marinas que la variación del oleaje no representaba riesgo para los litorales continentales.
Impacto en infraestructuras y servicios esenciales
Las consecuencias estructurales del temblor se concentraron con especial severidad en las provincias centrales de Herrera, Veraguas y Los Santos, donde equipos del Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) constataron agrietamientos en viviendas, caída de mampostería y afectaciones en edificios públicos. En la ciudad de Penonomé, imágenes ciudadanas documentaron el derrumbe parcial de la torre de un templo religioso y el desprendimiento de balcones residenciales, mientras que la empresa distribuidora Naturgy reportó cortes generalizados en el suministro eléctrico que afectaron a miles de hogares en seis provincias. El Ministerio de Educación resolvió suspender las actividades escolares en el turno vespertino como medida de resguardo preventivo.
En Ciudad de Panamá, si bien las autoridades de socorro no reportaron colapsos en la densa línea de rascacielos ni víctimas fatales inmediatas, el pánico impulsó la evacuación espontánea de cientos de oficinistas en el área bancaria tradicional. Los protocolos de seguridad obligaron a paralizar transitoriamente el servicio de dos líneas del metro metropolitano y a frenar las operaciones en el Aeropuerto Internacional de Tocumen para inspeccionar terminales y pistas de aterrizaje, reactivándose paulatinamente una vez descartadas fallas operacionales. Por su parte, la Autoridad del Canal de Panamá confirmó que el tránsito interoceánico prosiguió con normalidad bajo permanente vigilancia técnica.
Respuesta gubernamental y solidaridad regional
Ante la zozobra generada por la sacudida y las réplicas posteriores —la mayor de ellas registrada en 6,4 de magnitud por el Instituto de Geociencias—, el presidente de la República, José Raúl Mulino, formuló un enérgico llamado a la serenidad ciudadana, solicitando no propagar rumores infundados en redes sociales y disponiendo el despliegue inmediato de recursos y personal de emergencia hacia las zonas más golpeadas.
En el plano internacional, el mandatario colombiano Abelardo de la Espriella ofreció asistencia humanitaria inmediata y transmitió su solidaridad ante la emergencia, al tiempo que cancillerías vecinas como la de México informaron que no se contabilizaron ciudadanos extranjeros afectados durante la contingencia, manteniéndose activos los canales consulares mientras los equipos de rescate avanzan en la cuantificación definitiva de los daños.









