El líder del Partido de los Trabajadores se impuso con el 51,8% de los votos en un balotaje sin precedentes, desatando multitudinarias celebraciones en São Paulo en una jornada marcada por la alta participación ciudadana
En una jornada electoral que quedará inscrita en los anales políticos de América Latina, Luiz Inácio Lula da Silva consumó una remontada inédita al imponerse en la segunda vuelta presidencial con el 51,79% de los votos válidos frente al 48,21% obtenido por el senador ultraderechista Flávio Bolsonaro. Con más del 99,9% del escrutinio completado por el Tribunal Superior Electoral, la victoria consagra al veterano dirigente de 80 años para un cuarto mandato histórico, rompiendo una regla no escrita vigente desde la reinstauración del balotaje en 1989, según la cual ningún aspirante había logrado revertir una desventaja tras finalizar segundo en la ronda inicial.
La distancia final superó los cuatro millones de sufragios en favor del mandatario, quien entre el primer turno y la votación definitiva sumó más de diez millones de apoyos adicionales frente a los 3,7 millones captados por su rival. Este vertiginoso crecimiento electoral se sustentó en una exitosa estrategia de movilización que redujo de manera sensible la abstención ciudadana, la cual descendió del 21,1% al 19,2%, acompañada de una marcada contracción en los votos nulos y en blanco a escala nacional.
El tramo decisivo de la contienda estuvo matizado por una controversia logística sin precedentes debido a la extensión extraordinaria de dos horas en el cierre de los colegios de votación. La disposición judicial fue adoptada tras comprobarse graves dificultades operativas en el transporte público que impedían el traslado fluido de miles de votantes en populosos centros urbanos. Aunque el equipo del candidato conservador intentó impugnar el dictamen alegando supuestas irregularidades procesales, la comunidad internacional y diversos jefes de Estado de la región, incluidos mandatarios de corrientes conservadoras como Santiago Peña de Paraguay, José Antonio Kast de Chile y Daniel Noboa de Ecuador, reconocieron de inmediato la legitimidad del veredicto popular y transmitieron sus felicitaciones al mandatario electo.
Al caer la noche, una marea humana teñida con los colores rojizos del Partido de los Trabajadores colmó por completo la emblemática Avenida Paulista de São Paulo para celebrar el triunfo democrático al compás de cánticos e himnos populares. Subido a una plataforma junto a su vicepresidente Geraldo Alckmin, un conmovido Lula agradeció la entrega de una juventud rebelde y de los colectivos femeninos que acudieron masivamente a las urnas, destacando con especial emotividad a los nietos que empujaron en sillas de ruedas a sus abuelos para sufragar, sellando así una fiesta cívica que reafirma la solidez institucional del gigante sudamericano.









