La sustancia, invisible en pruebas toxicológicas habituales y vinculada a muertes en California y Luisiana, es comercializada clandestinamente simulando ser medicamentos recetados como Xanax o Percocet
En medio de la persistente crisis sanitaria provocada por los estupefacientes de diseño en Estados Unidos, las agencias de salud y seguridad pública han intensificado sus alertas tras la propagación de la ciclorfina, un compuesto opioide sintético de extrema letalidad cuya potencia supera en diez veces a la del fentanilo y en mil veces a la de la morfina. Detectada por primera vez en el circuito de drogas ilícitas norteamericano en 2024 por la Administración de Control de Drogas (DEA) y el Centro de Investigación y Educación en Ciencias Forenses (CFSRE), la sustancia ha sido identificada formalmente en peritajes forenses asociados a fallecimientos por sobredosis en diversas regiones de la nación.
Camuflaje en fármacos falsificados y ausencia de uso médico
A diferencia de otros derivados opioides que cuentan con estrictas formulaciones para el tratamiento paliativo del dolor en entornos hospitalarios, la ciclorfina carece de aprobación por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) y se produce de manera exclusiva en laboratorios clandestinos. El principal factor de riesgo para la población radica en su distribución clandestina como adulterante en metanfetaminas y cocaína, o prensada directamente en tabletas falsificadas con apariencia idéntica a medicamentos prescritos como OxyContin, Xanax, Adderall o Percocet, lo que expone a sobredosis fulminantes a usuarios que desconocen consumir un narcótico de semejante poder sedante.
Los efectos fisiológicos del químico deprimen el sistema nervioso central en cuestión de segundos, induciendo paros respiratorios repentinos, estados comatosos y la muerte con dosis microscópicas. Las autoridades de salud advierten que las tiras reactivas convencionales empleadas para detectar fentanilo no arrojan resultados positivos ante la ciclorfina, y los análisis toxicológicos de rutina en salas de urgencias tampoco la identifican de forma estándar, lo que complica el diagnóstico clínico y sugiere que el número real de decesos atribuibles al compuesto podría ser sustancialmente mayor al registro oficial.
Desafíos para la naloxona e investigaciones federales
La magnitud del compuesto ha puesto a prueba los protocolos de reanimación médica de emergencia. Especialistas en toxicología señalan que la aplicación habitual de naloxona (Narcan) suele ser insuficiente para revertir la depresión respiratoria generada por la ciclorfina, obligando a los paramédicos a suministrar dosis múltiples o incluso recurrir a infusiones intravenosas continuas en unidades de cuidados intensivos. Casos confirmados como el fallecimiento de un adolescente de 16 años en San Francisco —que desencadenó la detención de cuatro distribuidores y la incautación de más de 20.000 pastillas ilegales— han impulsado a la DEA a formalizar su clasificación definitiva dentro de la Lista I de sustancias controladas para perseguir con el máximo rigor legal su tráfico y distribución.








