Prospecciones con georradar y microgravimetría revelan la posible existencia de un complejo subterráneo de hasta seis cámaras oculto al norte de la KV62
Más de un siglo después de que Howard Carter asombrara al mundo con el hallazgo de la tumba de Tutankamón en 1922, el Valle de los Reyes vuelve a concentrar la atención de la egiptología internacional tras la publicación de un revelador estudio en los Occasional Papers of the Amarna Royal Tombs Project. La investigación, respaldada por siete campañas de exploración científica realizadas entre 2015 y 2024 bajo la dirección del exministro de antigüedades egipcio Mamdouh Eldamaty, identificó contundentes anomalías físicas detrás del muro norte de la célebre sepultura KV62, sugiriendo la presencia de un entramado funerario mucho más extenso de lo que se creía hasta ahora.
Los análisis técnicos combinaron prospecciones no invasivas de georradar de penetración terrestre y microgravimetría de alta precisión, cuyos resultados señalan la existencia de un complejo subterráneo que se proyecta entre veinticinco y treinta metros en dirección norte. De acuerdo con los modelos inferidos por el equipo científico, la estructura podría albergar entre cinco y seis cámaras conectadas mediante pasillos deliberadamente bloqueados con escombros durante la Antigüedad, lo que reaviva con fuerza la hipótesis formulada hace una década por el egiptólogo británico Nicholas Reeves sobre un enterramiento de mayor envergadura concebido originalmente para la legendaria reina Nefertiti.
El planteamiento cobra sustento en particularidades arquitectónicas que desconcertaron a los arqueólogos desde el descubrimiento original, como el tamaño inusualmente reducido del recinto para un monarca del Imperio Nuevo y su giro hacia la izquierda, un patrón constructivo que en la decimoctava dinastía correspondía de manera exclusiva a las sepulturas destinadas a reinas. Asimismo, las reinterpretaciones iconográficas de las pinturas murales sugieren que las escenas de rituales funerarios atribuidas a Ay sobre Tutankamón habrían plasmado inicialmente al propio faraón niño rindiendo honores a su predecesor dinástico en el trono, figura que los investigadores vinculan con la gobernante amarniana.
Pese a la trascendencia de los indicios, especialistas independientes como Ray Johnson, exdirector del Instituto para el Estudio de las Culturas Antiguas, y el arqueólogo Christopher Gaffney han llamado a la prudencia metodológica, advirtiendo que las cavidades detectadas podrían haber sufrido filtraciones hídricas o corresponder a formaciones geológicas imprevistas. Con el fin de disipar las incógnitas sin comprometer el invaluable patrimonio pictórico de la cámara, los investigadores gestionan los permisos formales ante las autoridades gubernamentales de El Cairo para perforar un minúsculo orificio e introducir una microcámara de fibra óptica que confirme visualmente qué secretos yacen tras los milenarios muros.








