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Primera dama de Guatemala mira por dentro a un país “en proceso de cambio”

Primera dama de Guatemala mira por dentro a un país “en proceso de cambio”

La primera dama de Guatemala, Lucrecia Peinado, compartió sus aspiraciones para el futuro del país y cómo ha cambiado su vida a seis meses de llegar al cargo.

WASHINGTON — 

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Lucrecia Peinado, primera dama de Guatemala, cree firmemente que las sociedades “no cambian súbitamente”, acepta que la corrupción sigue “enraizada” en muchos aspectos del país, pero a seis meses de su llegada a la posición confía que el “cambio social no retroceda”.

Junto a su esposo y presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, Peinado ha seguido paso a paso y colaborado con su gobierno, incluso antes de la toma de posesión.

“No somos cándidos en decir que todo eso [la corrupción] va a desaparecer de un día para otro. Pero en lo que yo sí tengo confianza… es que hay cosas que no van a regresar. Ya no pueden retroceder, porque la juventud apoyó este cambio, no por la figura o por el presidente, sino por la crítica”, dijo Peinado.

Aludió también a la determinación para avanzar en “el cambio” de parte de las comunidades indígenas de Guatemala durante la entrevista que concedió a la Voz de América en el Instituto de la Paz de Estados Unidos, en la que ofreció una introspección a la labor que desarrolla desde su posición.

La primera dama admitió que en Guatemala persisten retos de “institucionalidad débil” debido a la corrupción que “sigue resistiéndose”.

“Mi esperanza es que este proceso no retroceda, porque la sociedad está en un proceso de cambio”, señaló. “Yo espero de verdad que ese cambio social no retroceda y que se pueda ayudar en estos tres años y medio que quedan a dejar una institucionalidad más limpia y más fuerte”.

Antes de ser primera dama, Lucrecia Peinado construyó una carrera de más de 25 años alrededor de proyectos de salud. Es médica, cirujana y anestesióloga, y experta en gerencia de programas. Una experiencia que, según dijo, la ha preparado para su nuevo título.

“Es un portón que se abrió de oportunidad, no una puerta o una ventana, sino un portón para aplicar mucha de esta experiencia”, dijo Peinado al describir cómo percibe el rol de primera dama.

Con tranquilidad, Peinado asegura que ni ella ni Arévalo habían “buscado activamente” estar en las dos posiciones más importantes del país, pero el camino recorrido les dio “fuerza para usar todas las capacidades acumuladas para servir”.

“Yo estoy acá para servir, no para servirme de esta oportunidad”, asegura.

Peinado no niega el cansancio físico que trae su responsabilidad. Aún le parece “surreal” adentrarse a diferentes áreas de un trabajo que no había experimentado y así identificar el “bagaje de oportunidad que tiene una primera dama”.

Sus días son una serie de reuniones de coordinación, desde seguimiento a acuerdos, hasta visitas al interior del país. No es fanática de madrugar pero a las ocho de la mañana ya está activa en sus labores.

A su esposo, el presidente Arévalo, lo ve por la mañana y lo despide con un “que tengas un buen día”. En la noche, cuando se vuelven a encontrar en su hogar, intentan no abordar “más cuestiones de trabajo”… aunque en ocasiones es inevitable pedirle una “audiencia”.

“A veces le digo: ‘¿puedo tener cinco minutos de tiempo? Porque todo el mundo tiene cinco minutos con el presidente para hablar de las cuestiones. Entonces, como yo no tengo esa audiencia de cinco minutos, solo puedo hablar algo ahorita’. Entonces hablamos dos o tres cositas, yo le informo o él me dice su opinión y luego vamos a ver un programa de televisión para relajarnos”, describió.