Anadie le gusta que lo llamen cabra.
Usualmente esto significa que alguien
ha cometido un error que le
ha costado un juego a su equipo, o mucho
dinero a su compañía. Sentirse como una
cabra es una situación incómoda.
Sin embargo, es exactamente en ese lugar
en el que muchas personas se encontrarán
en el último día – entre los cabritos.
Esto es lo que Jesús enseñó en una corta
historia que dice mucho para nuestras vidas.
Él describió lo que tendrá lugar en el
juicio final en el fin del mundo.
¿Cuál es el significado de la historia de
Jesús? Déjeme ilustrar. Cuando yo era un
niño, mi familia era propietaria de un cabrito
enano. Era la mascota de mi hermano.
Él era muy tierno y pequeño y tenía cuernos
de seis pulgadas. El animalito, ciertamente,
mostraba las características usuales
y esperadas de las cabras ya que a menudo
era terco, a veces casi arrogante y disfrutaba
de estar solo. Yo pienso que eso lo hacía
sentirse el rey de la granja.
Las ovejas, por otra parte, disfrutan de
estar juntas en rebaños, y escuchan y siguen
al pastor cuando las llama. Reunidas
en el rebaño, las ovejas encuentran seguridad
de los peligros que las amenazan. Ellas
Jesús dijo: “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria y todos los santos ángeles con El, entonces se
sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de El todas las naciones; entonces apartará los unos
de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos
a su izquierda.” (Mateo 25:31-33).
disfrutan la paz de pastar en la pradera. Si
una oveja se separa del rebaño, el pastor
debe ir tras de ella.
Jesús usa la distinción entre ovejas y
cabritos como una ilustración de aquellos
que se unirán con él en el cielo para toda
la eternidad y aquellos que no lo harán.
La ilustración es inflexible. Los cabritos,
aquellos que se alejan de la voz del pastor
y tercamente siguen su propia voluntad y
deseos y cuyas búsquedas están puestas en
cosas terrenales, no tienen parte en la paz
del cielo.
Las ovejas, aquellos que aman la paz y
seguridad que les da el pastor, disfrutarán
de esa paz y seguridad para siempre.
Esa es una paz y seguridad que no se encontró
en la ausencia de privaciones en
esta vida. Es una paz y seguridad que no
se encontró en los deseos de riqueza. Es
una paz y seguridad que viene del conocimiento
y la aceptación de que los pecados
son perdonados a través de la propia
sangre de Jesús.
Al confiar en nuestro Buen Pastor, Jesús,
nosotros no tenemos miedo de enfrentar el
juicio final pues estamos rodeados por su
amor y descansamos con seguridad en sus
brazos. Maravillosamente, El nos lleva a la
vida con Dios para siempre.





