Jesús es milagroso, Él convierte el agua en vino

ImagenUna boda es un día de celebración no sólo
para la novia y el novio, sino también
para los amigos y familiares que están
felices por la pareja. La preparación para el matrimonio
puede causar, para algunos, momentos
de ansiedad. Pero prepararse para solamente
asistir a una boda también puede ocasionar un
poco de angustia ya que buscamos el regalo perfecto,
un regalo que sea único, pero útil para los
recién casados.
Una vez, Jesús asistió a una boda con algunos
de sus discípulos y su madre, María. La celebración
de una boda hoy en día dura más o menos
seis o siete horas. En el tiempo de Jesús duraba
seis o siete días. Es fácil suponer que en este
tipo de celebración el vino se podía acabar rápidamente.
Eso hubiera sido una gran vergüenza
para la pareja. Pero María confió en que su hijo
pudiera proveer el regalo perfecto. Al principio,
la respuesta de Jesús pudo parecer alarmante:
“Mujer, ¿eso qué tiene que ver conmigo?… Todavía
no ha llegado mi hora” (Juan 2:4). Jesús
no dijo que podía hacer un milagro. Pero él quería
que María se diera cuenta que mientras él era
su hijo, también era su Salvador, quien ahora
había comenzado su ministerio público. Él no
quería adelantarse al plan predeterminado por
su Padre celestial. María escuchó las palabras
“todavía no” en la respuesta de su hijo y le dijo
a los sirvientes que siguieran sus órdenes.
Jesús dijo a los sirvientes que llenaran de
agua seis grandes jarras de piedra. Luego les
ordenó llevar una muestra al encargado del
banquete de la boda, quien tomó un sorbo y
¡saboreó vino en vez de agua! Incluso, mencionó
su sorpresa de que el mejor vino hubiera
sido guardado para el final del banquete. Jesús
vio la necesidad y la satisfizo, con abundancia.
Él proveyó el regalo perfecto por su poder
omnipotente.
El apóstol Juan llama a esta la primera de
muchas “señales” milagrosas que Jesús realizó
durante su ministerio. Las señales indican el
camino hacia algo, como la carretera interestatal,
la estación de gasolina más cercana, o un
baño. Los milagros de Jesús registrados en la
Biblia lo señalan a él como el camino al cielo.
Él es más que un gran hombre. Él es el Hijo
de Dios que proporcionó la vida perfecta que
Dios nos exige. Su muerte en la cruz trajo el regalo perfecto: el perdón de nuestros pecados
y un lugar reservado en la cena de boda eterna
en el cielo. Su resurrección poderosa, el milagro
más grande, prueba que sus palabras y su obra
son verdaderas.
Podemos estar seguros de que Jesús proveerá
todo lo que necesitamos en esta vida y en la
venidera. Le damos la bienvenida para reunirse
con nosotros los domingos para aprender cómo
Jesús usa su poder para “hacer muchísimo más
que todo lo que podamos imaginarnos o pedir”
(Efesios 3:20). Busca más información en nuestra
web site. Que tenga un feliz año nuevo en
Cristo Jesús.

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