Murió Ted Kennedy, el defensor de los pobres y los inmigrantes

ImagenWASHINGTON, DC – El “León”
liberal del Senado, Edward M.
Kennedy, senador demócrata
de Massachusetts, murió y los inmigrantes
pierden, en mi opinión, a su más sincero y
acérrimo defensor en el Congreso de Estados
Unidos.
Kennedy siempre defendió con fuerza
diversas causas como los derechos civiles,
la salud y la educación, pero en la comunidad
inmigrante y entre los grupos que de-
fienden a esos inmigrantes, se le recuerda
con profundo agradecimiento por su constante
lucha en favor de los derechos de los
inmigrantes y en los últimos años, por sus
inmensos esfuerzos en tratar de concretar
una reforma migratoria integral.
Kennedy fue el autor de los proyectos de
ley de reforma que desafortunadamente no
progresaron en el Senado federal en años
recientes. En ese entonces me desempeñaba
como Corresponsal en Washington del
diario La Opinión y veía a Kennedy caminando
con dificultad por los corredores del
Congreso de reunión en interminable reunión
buscando acuerdos, o de conferencia
de prensa en conferencia de prensa promoviendo
el tema, o de tarima en tarima instando
a los mismos inmigrantes a no darse
por vencidos y a no perder la esperanzas.
En 2006, durante las multitudinarias
marchas de inmigrantes a través del país en
favor de la reforma, Kennedy fue la figura
legislativa central en el evento aquí en la
capital federal, con su imponente figura y
su voz de trueno, echando mano de frases
en español para decirle a los inmigrantes
que Sí se Puede.
En ese año y en 2007 luchó hasta el final
para avanzar la reforma migratoria, y cuando
no se pudo, de todos modos convocó a
activistas para animarlos a no dejarse caer
y planificar los próximos pasos. El eterno
optimista frente a la adversidad, siempre
buscaba la frase adecuada para animar a
los alicaídos que tenían la encomienda de
seguir movilizando a la comunidad inmigrante
y buscando aliados en el Congreso.
El cáncer cerebral contra el cual perdió
la batalla el 26 de Agosto también había
impedido su presencia en el furioso debate
de la reforma de salud que siempre
defendió.
Quienes abogan por la reforma migratoria
han extrañado en los pasados meses
la guía y los consejos de quien fue uno de
sus más cercanos aliados. Según nos adentramos
en la dura pelea por esa reforma,
entendemos que es muy difícil que alguien
sustituya lo insustituíble. Kennedy fue algo
así como la “conciencia” del Senado, de los
demócratas del Senado, de los demócratas
en general. La esperanza es que quienes
queden atrás muestren al menos una fracción
de esa conciencia y del compromiso
de Kennedy para hacer realidad la reforma
migratoria.
Descanse en Paz, Senador Kennedy.

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