El Departamento de Seguridad Interna
está construyendo una ciudad militar
en el Paso TX, que costará millones
de dólares, hecho que es bienvenido por los
pasenses ya que traerá un gran crecimiento a
esa urbe.
El gobierno estadounidense ha venido
gastando billones de dólares en donativos
condicionados a decenas de países como
Colombia, México, Perú, entre otros. La
condición de los donativos de los impuestos
de los contribuyentes es el de parar el
flujo de cocaína, marihuana y otras drogas
ilícitas, que al ser traficadas en los Estados
Unidos causan la destrucción de la sociedad,
debido al incremento en crimen, baja
en producción laboral y la descomposición
social, en general.
Como si el problema fuese causado únicamente
por los exportadores de la droga, el
gobierno estadounidense, no ha asumido la
responsabilidad de reducir la demanda de las
mismas aplicando penas severas a los consumidores,
para así reducir el consumo. En
este país, donde existen, en cada estado, miles
de procesadores de “crack” y vendedores
de drogas en las entradas a tiendas pequeñas
locales, en night clubes y domicilios residenciales;
los arrestados, usualmente reciben
condenas de “cárcel suspendidas” que no
acarrean mayores consecuencias.
México, hoy se desangra en una guerra fratricida
entre egoístas, avariciosos e irresponsables
criminales narcotraficantes y el ejército
mexicano. Las armas que utilizan los
delincuentes son provenientes de los Estados
Unidos y exportadas al país del sur, esto debido
a la falta de control en ambos lados de
la frontera y, aún con la venia de los mismos
agentes aduaneros corruptos del propio gobierno
mexicano.
Las verdaderas víctimas de la irresponsabilidad
de los gobiernos americano y mexicano
son los ciudadanos comunes que nada tienen
que ver con este cáncer de la producción, comercialización
y consumo de drogas.
Es condenable que los gobernantes mexicanos
De la Madrid, Cedillo, Portillo, y Fox,
entre otros, hayan permitido que los carteles
de la droga alcancen tanta fuerza y poder
para que hoy castiguen, cobardemente, a inocentes
familias que ya han sido afectadas,
considerablemente, por la destrucción de su
forma de ganarse su sustento y por la inseguridad
y violencia reinante.
Aunque nunca he sido adepto a la pena
capital pienso que ya es hora que el congreso mexicano apruebe la pena de muerte para
narcotraficantes, asesinos y secuestradores.
Igualmente, en los Estados Unidos ya es hora
que den cárcel perpetua a los consumidores
y traficantes.
La guerra contra el tráfico no la empezó el
presidente Felipe Calderón sino los narcotra-
ficantes, los secuestradores, los exportadores
de armas y los consumidores de las drogas.
Así que, les recordamos a los hipócritas gobernantes
americanos y a las corruptas autoridades
mexicanas: que si se quiere reducir
la venta de las drogas, primeramente se debe
reducir el consumo de las mismas.
(Since supply will always respond to the
demand of the drugs market, it is imperative
that the United States get tough on the consumers
and dealers in order to reduce de influx
of drugs to USA)





