Hebreos 12: 1,2
Pastor Carlos Valenzuela
El Toque de Dios
El concepto deportivo que comunmente tenemos de una carrera es que solo uno de los competidores se alza con la victoria; sin embargo en el Reino de Dios esto es diferente.
El propósito espiritual de la carrera que cada uno de nosotros corre en esta vida es que todo el que logre llegar a la meta es un ganador y que recibe su premio como el gran campeón. Efectivamente, las Escrituras no hablan de que para recibir el galardón se tiene que vencer a los que corren con él o que solo uno es el premiado. Esta es la gran diferencia con el mundo ya que la gracia de Dios permite que nadie corra en vano.
Muchos han dicho que no importa con se empiece la carrera sino como se termine y esto es cierto. Si pensamos en una carrera deportiva bajo las reglas humanas que conocemos podemos ver que aunque muchos inician la competencia solo uno se levanta con la victoria. Muchos de ellos pudieran haber corrido extraordinariamente pero solo uno es el ganador absoluto. En el sistema del mundo el único que recibe el premio y el honor es el que le ganó a todos los demás.
Ahora imaginemos el mismo evento pero con la perspectiva espiritual de la gracia de Dios donde también muchos corredores participan en la carrera. Veamos lo que pasa con cada uno de ellos. Uno puede iniciar lentamente y quedarse un poco retrasado en relación con los demás pero pese a esto llega a la línea final, este es un ganador. Otro puede que tropiece y caiga después de correr bien un tramo de la pista, se levanta y llega a la meta, también es un ganador. Alguno puede que inicie correctamente y así siga sin tropiezos ni retrasos llegando a la meta sin ningún problema, es un ganador que recibe el premio igual que todos los que llegaron hasta el final. Aquí ninguno que llegue a la meta es desechado ni dado por perdedor. No importa como se llegue el que lo haga es un ganador.
Lamentablemente tanto en las carreras deportivas como en la espiritual sí existen los perdedores y son aquellos que renuncian a medio camino a seguir corriendo y abandonan la carrera. En esto no hay diferencia entre lo natural y lo espiritual porque el que se da por vencido se derrota a sí mismo dondequiera que sea. Pero Dios no quiere esto para nosotros.
Dios nos ve como ganadores a todos porque aunque sabe que podemos tropezar y caer siempre estará atento a ayudarnos si lo buscamos. En realidad pudiera decirse que no hay pretexto para no llegar a la meta de la vida porque lo tenemos a Él. El problema es que muchos no saben o no quieren saber que no hay por qué correr solos la carrera teniendo ayuda tan perfecta y llena de misericordia como es la que Dios nos ofrece a todos.
La Palabra de Dios –S.Mateo 21: 28-31- nos relata una historia de un hombre que tenía dos hijos y nos dice que les pidió a cada uno que fuera a trabajar a su viña. El primer hijo no quiso ir inicialmente pero después obedeció arrepentido de haber dicho que no y fue. El segundo hijo dijo que sí iría pero no fue.
Es por demás interesante entender que lo que vale en esta historia -y en la vida- es lo que se termina haciendo y no lo que inicialmente se dijo o se hizo. Alguien puede tachar de mal hijo al primero por decir que no iba y de bueno al segundo que dijo que sí inicialmente. Pero lo que cuenta es lo que hicieron al final ya que el primero aunque se negó al principio, se arrepintió y obedeció finalmente, no así el segundo hijo que aparentó obedecer pero no lo hizo, desobedeciendo a su padre y mintiendo. El primer hijo es el que hizo la voluntad de su padre lo dice Jesucristo en ese texto bílico.
Así es Dios con nosotros al no tomar en cuenta lo que hemos hecho en el pasado. Cuando llega el día en que le pedimos perdón por nuestros pecados todo lo malo que hicimos o dijimos antes deja de tener peso y lo que toma en cuenta es nuestro arrepentimiento.
Lo anterior debe animar a quien se siente indigno de seguir a Cristo o al que se siente demasiado pecador hasta para asistir a una reunión de cristianos. La verdad es que cuando entregamos nuestra vida a Jesucristo deja de importar cuantas veces nos negamos a escucharle o a ir a la iglesia o cuantas veces dijimos que irímos y no fuimos. Lo importante es aceptarlo como nuestro Señor y tomar la decisión de vivir bajo su voluntad sabiendo que su poder nos ayudará enmedio de nuestra debilidad.
Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante y puestos los ojos en Jesús no desmayemos sabiendo que le tenemos a Él para que cuando tropecemos nos ayude a levantarnos para seguir hasta el final. Con Jesucristo todos somos más que vencedores porque nadie que le busque es desechado.
TODOS LOS COMENTARIOS SON BIENVENIDOS
PastorCarlos@eltoquededios.com
LE INVITAMOS A VISITAR NUESTRO WEBSITE
www.eltoquededios.com








