Las personas que hacen ejercicio físico en
la adolescencia tienen menos probabilidades
de convertirse en fumadores que
los adolescentes que no realizan actividades
físicas, según una nueva investigación de un
equipo de investigadores finlandeses y estadounidenses.
El trabajo, financiado en parte por la
UE, se ha publicado en la revista “Addiction”.
Se sabe desde hace tiempo que es menos
probable que fumen las personas que realizan
ejercicio físico de manera regular que aquellos
que son relativamente inactivos. La mayoría de
la gente atribuye este hecho a la familia, y sostiene
que los niños cuyos padres les animan a
hacer ejercicio físico tienen más probabilidades
de adoptar un estilo de vida saludable.
En este estudio reciente, los científicos observaron
a casi 2.000 parejas de mellizos, y les
preguntaron sobre los niveles de ejercicio y el
hábito de fumar al final de su adolescencia y
luego entre los 20 y los 25 años. Hallaron que
los adolescentes físicamente inactivos tenían
cinco veces más probabilidades de ser fumadores
a la edad de 24 años que los adolescentes
físicamente activos.
Para probar si las diferencias podrían deberse
a la educación familiar, los científicos compararon
seguidamente a mellizos que presentaban
niveles diferentes de actividad durante la adolescencia.
Descubrieron que era más probable
que comenzaran a fumar los mellizos físicamente
inactivos que sus hermanos y hermanas
físicamente activos.
Dado que los mellizos reciben la misma educación
familiar, la diferencia no puede atribuirse
a que sean distintas las circunstancias familiares,
apuntan los investigadores. «La actividad física
continua parece ser un factor casual importante
por lo que se refiere a la elección y el mantenimiento
de una conducta no fumadora», afirman.Los científicos explican una serie de mecanismos
por los que la actividad física podría influir
en el hábito de fumar. Una idea es que los niños
activos físicamente pueden desear mejorar
y mantener su forma física y saben que fumar
entorpecería el logro de este objetivo. Además,
es probable que estos jóvenes busquen amigos
que tengan intereses similares.
Se sabe también que el ejercicio tiene un
efecto positivo sobre otros factores que protegen
contra el tabaco, como la percepción de
la capacidad propia para lograr lo que uno se
propone y la autoestima, indican los científicos.
Finalmente, destacan otra investigación que
indica que fumar y hacer ejercicio podrían estimular
las mismas partes del sistema nervioso
central.
Por eso papas mantengan a sus jóvenes adolescentes
activos todo el tipo con cual quier tipo
de actividad física.





