Un día Jesús fue invitado a cenar en
la casa de un líder religioso llamado
Simón. Él era miembro de
un grupo llamado los Fariseos, que creía
que las buenas obras hacen dignas a las
personas delante de Dios; ellos no creían
que necesitaban ser salvados por sus pecados.
En el aposento, inesperadamente,
entró una mujer pecadora, que había venido
a honrar a Jesús vertiendo un costoso
perfume e incluso sus propias lágrimas en
sus pies. Simón, al ver que la prostituta
enjugaba los pies de Cristo con su perfume
y sus lágrimas, se disgustó porque Jesús estuviera acogiendo la alabanza de
esta mujer pecadora. Él pensaba que si
Jesús realmente supiera quién era ella, ni
siquiera la dejaría tocarlo. La verdad era
que Jesús sí sabía que ella había vivido
una vida pecaminosa. Él también sabía
que sus lágrimas de gozo nacían de su
amor de perdón para ella.
Entonces Jesús contó una historia para
enseñar a Simón y también a nosotros una
lección acerca del perdón. Había dos hombres
que tenían una deuda. Uno de ellos
debía a un prestamista aproximadamente
tres años de salario. El otro debía al mismo
prestamista aproximadamente 50 días
de salario. Ninguno podía devolverlo, entonces
el prestamista misericordiosamente
perdonó ambas deudas. Jesús planteó una
pregunta: “Di, pues, ¿cuál de ellos lo amará
más?” Simón respondió correctamente
que al que se le canceló la deuda más grande
habría amado más al prestamista.
La corta historia de Jesús dice mucho
para nuestras vidas. Todos nosotros tenemos
una deuda enorme que no podemos
pagar. No podemos compensar todas las
cosas pecaminosas que hacemos, ni haciendo
más cosas buenas, ni haciendo
menos cosas malas. No podemos pagar la
deuda del pecado con nada que pensemos,
hagamos o digamos.
Pero Dios vio nuestra necesidad desesperada
y nos ama tanto que perdonó nuestra
deuda de pecado. Él lo hizo haciendo que
su Hijo, Jesús, pagara completamente por
todos. El precio que él pagó fue su muerte.
Como el Hijo sin pecado de Dios, él pudo
llevar todos nuestros pecados sobre sí mismo
y sufrir sus castigos por nosotros. Con
su muerte, él perdonó la deuda de nuestro
pecado. Tres días después de su muerte, resucitó
de entre los muertos para probar que
su sacrificio contaba para todos nosotros
Es primavera y los cristianos están
celebrando la resurrección de Jesús de
entre los muertos. ¡Qué gran tiempo del
año para recordar que Jesús ha perdonado
nuestra deuda de pecado y nos ha dado
nueva vida con él!





