En esta edición de los Juegos Olímpicos,
187 países han adquirido los derechos de los nuevos medios contra
menos de 10 en Atenas. Una explosión que nada tiene que ver con el lento proceso de seducción en la valorización de los derechos televisivos.Pero el Comité Olímpico Internacional sólo explota una ínfima parte del potencial,
como explica uno de los resposables de ‘marketing’: “Se vendieron muchos derechos
para 2008 a finales de los años 90, en la época donde la televisión en internet o sobre el teléfono móvil no era la que es actualmente”.De los cerca de 1.740 millones de derechos
de difusión que generarán los Juegos de Pekín, sólo una parte mínima vendrá de los nuevos vectores de imagen.Técnicamente, los derechos de los nuevos
medios todavía no han sido cedidos independientemente de los derechos televisivos.
El COI perpetúa su modelo tradicional.
“Históricamente, siempre hemos vendido
los derechos por territorio, a grupos de cadenas (la UER para Europa, la OTI para Sudamérica o NBC en Estados Unidos)”, explica. “Era práctico porque sólo se firmaba
un contrato por zona y el grupo se encargaba de revender los derechos a sus miembros”, añade.Lógicamente, son estos grupos continentales
quienes se ocuparon de revender los derechos de los nuevos medios de comunicación.
Un juego de niños cuando el cliente se llama por ejemplo BBC y posee, además de una cadena de televisión de gran audiencia, una plataforma de internet competente.Pero el caso no es tan frecuente. El COI tiene tendencia a pasar cada vez más acuerdos
económicos directos con los difusores para sacar más beneficio y una mayor audiencia.
Pues el Comité Olímpico Internacional busca tanto el rendimiento como la universalidad
en la materia: “Nuestro objetivo
es permitir que el máximo de personas en el mundo sigan los Juegos”, explica su presidente Jacques Rogge, mientras que la carta olímpica estipula que los difusores son seleccionados en base a su aptitud para alcanzar la mayor audiencia y su compromiso
a la hora de promover los Juegos y los valores





