Jesús dijo: “Oíd: El sembrador salió a sembrar; y, al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del
cielo y se la comieron. Otra parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra y brotó pronto, porque la tierra no era profunda;
pero cuando salió el sol se quemó, y como no tenía raíz, se secó. Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron,
y no dio fruto. Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó, creció y produjo a treinta, a sesenta y a ciento por
uno” (Marcos 4:3-8).
Escritores de canciones, filósofos y
expertos en inversiones han usado
estas sabias enseñanzas del
Redentor. Usted mismo, probablemente,
las habrá ha usado alguna vez.
Jesucristo, en Marcos 4:3-8, contó la
metáfora de plantar semillas para ilustrar
una afirmación contando la simple historia
sobre la importancia que hay en la
adecuada siembra de las mismas; esta
metáfora debería tener gran importancia
en nuestras vidas porque nos enseña a ser
recipientes fértiles, así como cuidadores, promotores y defensores del evangelio.
Jesús nos enseña que las semillas están
siendo plantadas en los corazones en los
servicios todos los domingos. Eso también
es lo que sucede en una lección impartida
durante la escuela dominical para niños –
las semillas están siendo plantadas en sus
corazones. Eso es lo que pasa cuando usted
aprende lo que enseña la Biblia – las
semillas están siendo plantadas en su propio
corazón. Éstas están siendo plantadas
por Dios a través de su palabra.
Las semillas necesitan tiempo para
crecer. En la época de primavera cuando
los jardines son plantados por primera
vez no hay mucho para ver. Sin embargo,
como sabe todo jardinero, cuando se
trata de cultivar semillas, hay que tener
paciencia y tiempo. La luz del sol calienta
la tierra húmeda donde están enterradas
las semillas, las semillas se toman
su tiempo para germinar y crecer.
Muchas veces algunas personas van
a una iglesia un domingo y deciden no
volver, esto sin recapacitar que no han
dedicado el tiempo necesario para dejar
que las semillas sembradas ese domingo
crezcan, ¿verdad? A veces la gente
se complace al asistir a una clase bíblica
particular o a un taller en una iglesia,
pero cuando ya lo han hecho, pierden el
interés. De cierta forma, son como niños
que con entusiasmo plantan una semilla
en un frasco de vidrio y la riegan con regularidad,
pero un par de días más tarde
se olvidan de ella, y la semilla se seca.
Muchas personas asisten a servicios religiosos
con regularidad y de esta manera
dan oportunidad a que las semillas de la
palabra de Dios empiecen a crecer, pero
cuando estas personas dejan que las zozobras
de la vida crezcan como espinas,
estas no dan el tiempo para que la palabra
siga creciendo, y entonces la plantación
de fe en su alma se ve sofocada por
las mismas.
Pero, a veces, sucede algo maravilloso.
La persona continúa asistiendo a la iglesia
para escuchar la palabra y esa semilla
plantada crece, y sigue creciendo. La
planta de la fe se hace fuerte por el completo
perdón de Dios ganado por su hijo;
esta semilla florece bajo el amor incondicional
de Dios en Jesús y por la garantía
de la recompensa del cielo recompensa
que fue pagada por el sacrificio de Nuestro
Señor Jesucristo.
¿Es acaso usted esa persona?.







