
¿Alguna vez ha sido usted engañado por alguna de las ofertas engañosas para “Volverse rico rápidamente”? o ¿Ha pensado usted “Si sólo me ganara la lotería, la vida sería mejor”?
La gente venía a ver a Jesús a causa de los milagros que estaba realizando, pues su notoriedad se había difundido. La gente lo veía como la respuesta a sus problemas en la vida. Los mismos discípulos de Jesús estaban todavía aprendiendo quién era Jesús en verdad. Jesús quería que todos supieran que él era Dios, pero también quería que supieran que había venido para arreglar su relación con Dios.
Antes el milagro de dar de comer a los 5.000, Jesús guió a Felipe para que viera cuán asombroso era su poder, con una pregunta: “¿Dónde vamos a comprar pan para que coma esta gente?” Le preguntó esto sólo para probarlo, porque él ya había decidido lo que iba a hacer. Felipe le respondió: “Ni con el salario de ocho meses podríamos comprar suficiente pan para darle un pedazo a cada uno” (Juan 6:5-7) Felipe vio que iba a ser imposible alimentar a más de 5.000 personas.
Con este milagro Jesús mostró que él tiene el poder para proveer lo que nosotros necesitamos. Como Dios, él puede hacer lo imposible. La gente reconoció que él era alguien especial, “En verdad éste es el profeta, el que ha de venir al mundo” (Juan 6:14). Pero Jesús es más; él es nuestro Salvador Dios.
Ni siquiera todas las riquezas en el mundo podrán solucionar nuestros problemas. Las riquezas mundanas no arreglarán nuestra relación con un Dios santo. Tampoco desharán nuestros pecados, ni nos salvarán de la muerte ni del juicio final. En su vida, Jesús dejó en claro que él vino para hacernos ricos de espíritu para poder presentarnos ante con Dios. Él nos da la certeza de que podemos vivir eternamente con El Padre en el cielo. Jesús tuvo el poder de llevar nuestros pecados y de darnos su vida perfecta. Ese es el milagro más grande que Jesús ha logrado para el mundo y para usted. Como nuestro Salvador él nos trae paz con Dios.








