
Dijo que no habrá deportaciones masivas pero los hispanos ya no le creen porque ha deportado mas indocumentados que Bush
El Presidente Barack Obama reiteró que la reforma migratoria sólo puede ser aprobada si cuenta con apoyo republicano.
Un año y medio después de tomar posesión como presidente de Estados Unidos y cuatro meses antes de las elecciones de medio tiempo, cuando los estadounidenses elegirán un nuevo Congreso (la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado), el presidente Barack Obama defendió -con un discurso pronunciado en la American University de Washington DC- la necesidad de aprobar una reforma migratoria integral.
Mientras los partidos poltícos se ponen de acuerdo para aprobar un plan, el presidente aseguró que por ahora es imposible llevar a cabo redadas masivas y deportar a los casi 11 millones de indocumentados que viven en el país.
Nada nuevo
Pero esta vez no dijo nada nuevo. Reconoció que su partido no tiene los votos suficientes en el Congreso para aprobar un proyecto comprensivo y que, para lograrlo, se necesita el respaldo republicano. La oposición, por su parte, no quiere hablar de nada que suene a “amnistía. En resumidas cuentas, demócratas ni republicanos no tienen el apetito para llevar a cabo una reforma compresiva.
A manera de justificación por no haber empujado la reforma en el primer año de su mandato (compromiso asumido en 2008 durante la campaña presidencial), Obama citó una serie de logros que encabezaron la agenda nacional, entre ellos la crisis financiera, el desempleo, las guerras en Afganistán e Irak, el debate de la reforma de salud y la reforma energética.
“Pero esta administración también está empujando la reforma migratoria”, apuntó. “Nosotros (los estadounidenses) siempre nos hemos definido como una nación de inmigrantes que da la bienvenida a aquellos que vienen a trabajar a este país”.
Tema caliente
En cuanto a la reforma, Obama dijo que en los últimos días el tema se ha convertido en toda una serie de reacciones acaloradas tras la aprobación de la ley de Arizona, una legislación que desató ofensas, enojos, rechazos y aprobaciones, pero que la mayoría concuerda que se trata de una respuesta “inadecuada” un sistema que está “roto”.
Advirtió el mandatario que la ley SB 1070, promulgada el 23 de abril, contravino el espíritu de Estados Unidos que se autodefine como una “nación de inmigrantes”, y apuntó que la situación que se está viviendo en el país “empeoran” los esfuerzos “para arreglar nuestro sistema de inmigración quebrantado”.
Luego mencionó que en Estados Unidos viven 11 millones de inmigrantes indocumentados y que es imposible pensar que serán arrestados durante redadas y luego deportarlos, y señaló que muchos de ellos “trabajan en sectores donde reciben un trato disminuido ganando menos del salario mínimo”.
Obama también acusó a la palabrería política y a la intervención de intereses económicos de haber empantanado la reforma y dijo que su gobierno no “dejará para más adelante” la tarea de reparar un sistema que, reiteró, se encuentra “roto”.








