ALGO TIENE QUE MORIR

ImagenPastor Carlos Valenzuela

Las cosas del mundo espiritual no se rigen por la logica del mundo natural. La Biblia dice «hay que morir para vivir» y solo quien es inspirado por el Espíritu Santo entiende esto. En realidad todos debieramos poder entenderlo aun en una perspectiva de tipo secular fuera de la fe cristiana. Para el mundo natural el significado de la muerte es el final de todo mientras desde la perspectiva espiritual de la fe la muerte es solo el principio de algo supremamente mejor que la vida que conocemos.

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Utilizando elementos naturales las escrituras ilustran este hecho de como por medio de una muerte se produce vida, cosa que en realidad no tiene nada de raro. Tal es el caso del grano de trigo que tiene que morir para dar paso a una planta viva que a su vez producirá frutos. Esta ilustración construye un puente entre lo natural y su significado espiritual. De esta manera Cristo murió por nosotros para que tuvieramos una vida eterna que nos permitiera seguir con Él por siempre. Asi mismo el cuerpo debe morir al pecado para entrar en una vida en abundancia que Jesus nos ofrece. Debemos aprender a ver como algo tiene que morir para que se produzcan cosas nuevas y mejores.

Este tema me hace recordar una historia que alguien me compartió hace tiempo y habla de un caballo de carreras de gran éxito del cual su dueño se sentía sumamente orgulloso por los trofeos ganados en sus innumerables triunfos. De pronto un dia el caballo enfermó y se le veia totalmente decaído. El veterinario que le atendía lo revisó minuciosamente y con tristeza tuvo que reconocer que el caballo estaba extremadamente grave, a tal grado de que si no se recuperaba con un tratamiento de tres dias habría que sacrificarlo para evitarle una penosa agonía. Un cerdo que convivía en la granja con el caballo al darse cuenta de la suerte que le esperaba a su amigo campeón se preocupó tanto que decidió apoyar al caballo al que cada vez se le veía mas decaído. ¡Ánimo, ánimo amigo! le decía el cerdito, ¡Tú eres un campeón! ¡No puedes darte por vencido! ¡Corre, corre! Así hizo el cerdo con su amigo enfermo por horas. Al dia siguiente el veterinario volvió a revisar al caballo y no observó mejoría alguna y volvió a pronunciar la misma sentencia: «si no se mejora lo vamos a sacrificar». El cerdito muy preocupado siguió con más fuerza animando al caballo y éste empezó a reaccionar y a levantarse. En unas horas más estaba corriendo por los corrales. El médico regresó con lo necesario para sacrificar al caballo pues su recuperación parecía imposible. Grande fue su sorpresa cuando vio relinchando al caballo y retozando por el campo. No quiso esperar para darle la noticia al dueño de que su campeón no sería sacrificado. El dueño lleno de alegría exclamó: «¡Esto hay que celebrarlo! Matemos al cerdo para hacer un banquete ¡Hoy estamos de fiesta en esta casa!». El buen amigo había dado su vida por otro.

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Hagamos algo por los demás. Tal vez no necesitemos morir como el cerdito, ¡pero hagamos algo por alguien! Que muera nuestro egoísmo para que otros reciban algo de parte nuestra. Tal vez tengamos que dejar nuestra comodidad y sacrificar nuestro tiempo para hablar con algún anciano que no tiene quien lo visite en el asilo o tal vez tengamos que dejar nuestra arrogancia para ser amables con otros que necesiten una sonrisa de parte nuestra en lugar de un gesto dura, tal vez necesiten solo alguna palabra amable o un saludo para levantar su ánimo.

Jesucristo enseñaba que amaramos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Haciendo esto nosotros mismos seremos beneficiados porque a nuestra vez nosotros somos el prójimo de los demás. Solo dando podemos recibir. Todos deseamos una vida feliz y en paz, un mundo amable y respetuoso, ¿Por qué no empezamos ahora mismo a preocuparnos por quienes nos rodean?

Pastor Carlos

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