
La mayoría de hispanos confiesa a pie de calle estar impacientes, pero con esperanzas todavía vivas, de que 2010 sea el año en que el presidente Barack Obama se ponga a trabajar por su comunidad y sobre todo por la reforma migratoria.
La salvadoreña Sonia Henríquez conoce Estados Unidos como “el país de Obama”. Llegó justo hace un año cuando el dirigente juraba su mandato y conmovía a los estadounidenses y al mundo entero al conseguir ser el primer afroamericano que llegaba a la Casa Blanca.
Fue, en su opinión, un paso adelante en la historia del país y el comienzo de una nueva etapa política con una agenda ambiciosa que tenía que avanzar combatiendo una crisis económica mundial.
Aquel programa electoral que lo condujo a la Casa Blanca contó con el apoyo de un 67 por ciento de los votantes hispanos, según un informe del Centro Hispano Pew.
Medio año después, un 72 por ciento de estos creía que la promesa más esperanzadora para esta minoría, una reforma que legalice a los doce millones de indocumentados de origen latino que residen en el país, iba a cumplirse en 2009, según una encuesta de la organización America’s Voice.
Sin embargo, el segundo año de presidencia de Obama empieza sin ella.
Henríquez, que vino con sus dos hijas para reunirse con su marido, reconoce que en ese apoyo hubo muchas expectativas y ahora tal vez decepciones sobre Obama, pero, en una “reflexión justa”, dice que se puede aplaudir su trabajo.
“Ha sido un buen gobernante, una persona realista. No va a hacer milagros, pero sí se espera que cumpla más de sus promesas”, asegura.
Su mayor preocupación es la permanencia del Estatus de Protección Temporal (TPS), una vía que EEUU concede a quienes huyen de guerras y desastres naturales, y que caduca en septiembre de 2010 para los 230.000 salvadoreños amparados bajo ese programa.
“Nosotros nos hemos ido de nuestro país por la delincuencia y los desastres continuos de lluvias muy fuertes y a veces huracanes. Y sobre todo por la delincuencia. Yo no quiero que mis hijas crezcan así. No pueden subir ni al autobús, pero aquí sí”, asegura.
Pero aunque teme que este tipo de vía pueda cancelarse antes de que se inicie la reforma migratoria prometida, reconoce que el recorrido de su presidencia deja aires renovados en su actitud y en su forma de hacer política.
“Sí que ha habido un cambio. Hay menos agresividad. Se ve que (Obama) es una persona de paz. En la mirada que tiene al exterior, a otras personas y a otros países, se ve que hay más apertura”, asegura.
Jóvenes latinos como Flor Arenívar, de 21 años y de Salvador, y Sofía López, de 19 años y de Guatemala, apoyaron y apoyarían de nuevo a Obama. Las dos creen que no se ha olvidado de la comunidad hispana.
“Obama sí ha ayudado a la comunidad latina y necesita mucho de la comunidad latina también. Además, si toma la decisión de impulsar una reforma migratoria, va a ser una buena decisión para el país porque va a levantar la economía del país”, cree Arenívar.
Después de cinco años en el país, como estudiante de secundaria y a punto de entrar en el mundo laboral, considera que Obama ha sabido conducir con acciones “muy buenas” la crisis económica que ha sacudido al país.
López destaca que el presidente todavía conserva su capacidad de unir al país. “Es un presidente que hemos elegido todos y nos ha ayudado; en especial a la comunidad latina, pero nos podría ayudar mejor con una reforma migratoria”, dijo.








