
A nadie le gusta que le comparen con la cuadrúpeda “cabra”.
Usualmente esto significa que alguien ha cometido un error que le ha costado un juego a su equipo, o mucho dinero a su companía. Sentirse como una cabra es una situación incómoda.
Sin embargo, es exactamente en ese lugar en el que muchas personas se encontrarán en el último día – entre los cabritos. Esto es lo que Jesús enseñó en una corta historia que dice mucho para nuestras vidas. Él describió lo que tendrá lugar en el juicio final en el fin del mundo.
¿Cuál es el significado de la historia de Jesús? Déjeme ilustrar. Cuando yo era un niño, mi familia era propietaria de un cabrito enano. Era la mascota de mi hermano. Él era muy tierno y pequeño y tenía cuernos de seis pulgadas. Él ciertamente mostraba las características usuales y esperadas de las cabras ya que a menudo era terco, a veces casi arrogante y disfrutaba de estar solo. Yo pienso que eso lo hacía sentirse el rey de la granja.
Las ovejas, por otra parte, disfrutan de estar juntas en rebaños, y escuchan y siguen al pastor cuando las llama. Reunidas en el rebaño, las ovejas encuentran seguridad de los peligros que las amenazan. Ellas disfrutan la paz de pastar en la pradera. Si una oveja se separa del rebaño, el pastor debe ir tras de ella.
Jesús usa la distinción entre ovejas y cabritos como una ilustración de aquellos que se unirán con él en el cielo para toda la eternidad y aquellos que no lo harán. La ilustración es inflexible. Los cabritos, aquellos que se alejan de la voz del pastor y tercamente siguen su propia voluntad y deseos y cuyas búsquedas están puestas en cosas terrenales, no tienen parte en la paz del cielo.
Las ovejas, aquellos que aman la paz y seguridad que les da el pastor, disfrutarán de esa paz y seguridad para siempre. Esa es una paz y seguridad que no se encontró en la ausencia de privaciones en esta vida. Es una paz y seguridad que no se encontró en los deseos de riqueza. Es una paz y seguridad que viene del conocimiento y la aceptación de que los pecados son perdonados a través de la propia sangre de Jesús.
Al confiar en nuestro Buen Pastor, Jesús, nosotros no tenemos miedo de enfrentar el juicio final. Estamos rodeados por su amor y descansamos con seguridad en sus brazos. Maravillosamen.








