Por el Pastor Juan Strackbein
Desde Jerusalén hasta Singapur, desde Nairobi hasta Hollywood, miles de cristianos comienzan la celebración de la Pascua en el servicio del alba. Pero la verdadera luz de la Pascua no proviene del alba. Viene del levantamiento del Hijo, el Hijo de Dios.
La resurrección de Jesucristo dio vida y luz al mundo. Luz y vida están íntimamente entrelazadas en la naturaleza y en las Escrituras. Donde no hay luz no hay vida. Esto es cierto para las personas también.
Jesús es la Luz del mundo. Esto es así porque una vez murió, pero ahora vive. Ofreció su vida en sacrificio a Dios por los pecados; después se levantó para dar nueva vida al mundo. “Yo soy la resurrección y la vida,” dijo una vez.
Jesús es el vínculo entre el mundo perdido y un Dios amoroso. El te tiende una mano y con la otra toma la mano de Su Padre, y en el proceso nos reúne a Dios y a nosotros en El mismo.
“Porque yo vivo, vosotros también viviréis,” dijo Jesús. Su resurrección hace que podamos creer en esto. El desea que lo creas tú también.








