En varios países latinoamericanos que se consideraban ricos en agua, ésta ya no sobra. Expertos piden actuar rápidamente o racionamientos serán cada vez más continuos y comunes.
Recientemente, María Paula Molano ha tenido que comprar enormes cantidades de agua embotellada, no solo por el “insoportable calor” que aqueja a la Ciudad de México, sino también porque los racionamientos han afectado el bar donde trabaja como bartender, por lo que para mantener el negocio tuvo que optar por “la opción más cara, pero más efectiva”.
A miles de kilómetros de allí, en Bogotá, Enrique Melo también lidia con restricciones en el servicio de agua potable, en medio de los intentos de las autoridades colombianas por tratar de incrementar el nivel de sus embalses. Ahora, acostumbra a guardar cierta cantidad de este recurso para el día en que su hogar tenga que vivir esta medida: “Al principio, era extraño porque nunca nos faltó agua. Ahora, ya nos acostumbramos en casa. Lo que hacemos es prepararnos”.
Aunque son dos ciudades completamente diferentes y lejanas, ambas luchan por el mismo objetivo: preservar los niveles de agua, ante su escasez, una preocupación que, según los expertos consultados por la Voz de América, está latente en toda América Latina.
Datos del Aqueduct Water Risk Atlas del World Resources Institute indican que 25 países, que albergan a una cuarta parte de la población mundial, enfrentan cada año un estrés hídrico extremadamente alto, y consumen regularmente casi todo su suministro de agua disponible. Y al menos el 50 % de la población mundial (alrededor de 4.000 millones de personas) vive en condiciones de gran escasez de agua durante al menos un mes al año. Y se espera que para 2050, 1.000 millones de personas adicionales vivan con un estrés hídrico extremadamente alto.








